viernes, 2 de julio de 2010

LA CAJA "BOBA"...

No es lo mismo hablar que decir. Algunas personas hablan mucho pero no dicen nada, pura cháchara hueca, trivial. Algunos como muy pocas palabras nos transmiten un mundo rico en experiencias, en sentimientos e ideas, restablecen un verdadero diálogo.

Pero el progreso, con su inmensa dosis de modernidad y adelanto, confabula contra la comunicación sana, abierta, nutritiva. El medio por el cual llega hasta nuestros ojos y oídos, es más importante que el mensaje. Las personas, aún en el propio hogar permanecen como extraños, no se atreven a comunicar sus miedos, sus angustias, ¿para qué?, ¿en qué momento? El Televisor res aquí el personaje principal y él se encargará de resaltar los ángulos más perversos del ser humano.
Y en estos ángulos se afinca la atención de los jóvenes y hasta de los niños que, al ser maleables y frágiles, consideran que así es el mundo, que no nada que hacer para cambiarlo.
Es allí donde deben estar presentes los padres y los educadores. Ellos deben aprender a escuchar sus silencios, sus frustraciones y sus inseguridades, lo que dicen y lo que callan. Escuchar lo que piensan de este mundo caótico que les ha tocado vivir. Es urgente que lo ayudemos a superar las y trampas de las apariencias que se les está mostrando.
Las comunicaciones actuales han roto las barreras de la distancias y sin embargo las personas las viven cada vez más solas. Viven extraños en la misma casa, en la misma cama. Es solo un ritual vació, banal. La gente necesita llamarse continuamente por el celular, enviarse correos
electrónicos, contarse lo que pasa lo que hicieron: "ya llegué al aeropuerto", "estoy en el taxi", "ya voy a llegar para allá", y cuando se encuentran y están el uno junto al otro, no tienen nada que decirse, entonces es el Televisor quien toma la posta, se convierte en el "centro de la familia".
¿Queremos que siga creciendo este desaliento entre nuestros hijos o nietos?. La repuesta cae por su propio peso...

De los escrito de José Juventud

miércoles, 30 de junio de 2010

LA CANCIÓN DE LA VIDA...

" No es la suerte sino la elección lo que determina el destino"

Esta historia, la contó una persona que trabajaba en una ONG, en Africa, su nombre Telba Phanem; Antes de comentar y relatar su historia, hubo un pequeño silencio y después en forma paulatina, como si estuviera poniendo en orden sus pensamientos, para comenzar su relato, había algo de nostalgia en su semblante, poco a poco comenzaron a salir sus palabras. Cuenta que cuando una mujer de cierta tribu de África descubre que está embarazada, se va a la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la "canción de la nueva criatura".
Cuando nace el bebé, la comunidad entera le canta una canción.
Luego cuando el niño comienza su educación, el pueblo se junta y le cantan la misma canción. Cuando se convierte en adulto, la ya conocida canción es entonada por la gente.
Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su canción.
Finalmente, cuando su alma está por irse de este mundo, la familia y los amigos se aproximan y, al igual que en su nacimiento, cantan su canción para acompañarlo en "en el viaje".
Si en algún momento de su vida la persona comete un crimen o un acto social aberrante, lo llevan al centro del poblado y la gente de la comunidad forma un circulo a su alrededor.
"Entonces, le cantan su canción".
¿Qué conclusión podemos entonces sacar de este ritual?
Sencillamente que la tribu reconoce en cada individuo debe afianzar su identidad para evitar cometer actos que algún día lo avergüencen y esto lo logran no a través del castigo sino del amor.
La canción de cada quien les permite así reconocerse como seres únicos y valiosos. Es una canción de amor.
"Cuando reconocemos nuestra propia canción, ya no tenemos deseos ni necesidad de perjudicar a nadie. Tus amigos conocen tu canción y la cantan cuando tu lo olvidas".
Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que cometes o por las oscuras imágenes que muestras ante los demás.
Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo.
Tu integridad cuando estas quebrado.
Tu inocencia cuando te sientes culpable.
Y tu propósito cuando estas confuso.

martes, 29 de junio de 2010

PARTERAS

El arte de contar cuentos existe desde que los seres humanos poseen la capacidad de comunicarse. Posiblemente que los primeros humanos se reunieran alrededor; tal vez de un fogata para contarse historias. Así nacieron las grandes leyendas; y otras historias que fueron retransmitidas generación tras generación, luego ayudadas por la escritura , hasta llegar a nuestras manos. Con el tiempo, el arte de narrar fue quedando de lado en la mayoría de los lugares, pero no fue así en la sierra y selva de nuestro país y países vecinos, donde contar historias y cuentos ha sido parte de la vida cotidiana de la mayoría de de las personas.
De un tiempo a esta parte diversos artistas vienen reintegrando este arte olvidado al mundo cultural urbano. Por pura coincidencia a la misma vez, conversamos con tres artistas del cuento que están en gira en nuestro país,y que vienen visitando otros piases.(Me contaron su visita la zona minera de la Oroya, que será una historia aparte).
La señora, Stephanie Pommez, que visitaba estos lugares, me contaba lo admirable de la amazonia, su gente, de las personas como Doña Neuda, oriunda del pueblo del interior de Acre, aquí en el remoto interior, en la lejana provincia noroccidental del Brasil. No hay electricidad, entonces los días son cortos. Después de cenar sopa de pescado y harina de mandioca, ella y otros siete miembros de su familia se preparan para ir a la cama, iluminados por la luz de una sola lampara de aceite, de una luz moribunda de una sola lamparina.
La familia de la Sra. Neuda tiene cuidado de no usar mucho este preciado bien. El aceite se ha vuelto necesario para su supervivencia.
Un día doña Neuda estaba lavando en el rió y dio a luz a su primera hija, una criatura tan pequeña que metió dentro de un sombrero para protegerla del sol. Así comienza su historia como "doctora de la selva", ayudando a traer al mundo a los hijos de esas mujeres que viven en lo más profundo del Amazonas. Entre las hamacas que hacen las veces de camillas, los nacimientos son un evento social, una oportunidad para intercambien cuentos, remedios caseros y chistes obscenos.
Demasiado pequeña para ser amamantada, doña Neuda cuidadosamente mojaba un pedazo de algodón con su leche y alimentaba a la niña. Un par de meses más tarde escucho a la bebé llorar por primera vez. Hoy esta bebé prematura es una mujer hecha y derecha con dos hijos propios, una conclusión típicamente orgullosa de una historia contada por una partera.
Doña Neuda, prende su pipa y comienza a contar la historia de doña Irundina, una partera que acaba de fallecer . Durante sus 53 años como partera , había "agarrado" cientos de niños. Su reputación como "partera fina" o "mujer sabia" se había consolidado luego de haber salvado la vida de una madre y un bebé. Doña Irundina había sido llamada en un a emergencia para ayudar a otra partera en problemas. Del vientre de la madre había aparecido primero un bracito, indicando que el bebé venia de lado, una posición peligrosa tanto para la madre, como para el bebé. En hospitales urbanos esto requiere una cesárea de inmediato. Pero aquí, en esta boscosa y aislada comunidad, la cirugía no es una opción. De hecho la reputación de una partera se basa en su habilidad para improvisar soluciones en casos extremos. Doña Irundina miró la manita se arrodilló y la pellizcó. Increíblemente, esta criatura , aún sin haber estado en este mundo, respondió. El bracito se devolvió al vientre de su madre.
Después les pidió a las mujeres en la habitación que pusieran a la madre al revéz. Entonces, con el poco tiempo que tenia para que no muriera el bebé, doña Irundina masajeó el vientre para que la cabeza del niño se volteara hacia abajo. Momentos mas tarde, el pequeño cuerpo fue recibido por sus manos...!!!